sábado, 12 de diciembre de 2009

Aminatou haidar

Los días se desgranan, lentamente. Todo pasa sin noticia alguna, en cierta manera tiene su encanto. Vivo, y sin embargo no me da esa impresión, suspendido en un bote de formol pienso que al final nada aporta nada.
Aquél día hacía frío, andaba, sin dar demasiada importancia a lo que me rodeaba. Llegué a casa y encendí el televisor; las noticias. Pensé en apagar el televisor, pero no lo hice. A los pocos segundos de tener encendido el televisor apareció en la pantalla una mujer, musulmana supongo. Decían que estaba en huelga de hambre, por nosecuantos días. La ghandi saharaiu, la llaman. Me llamó la atención y simplemente seguí buscando, indagando en la vida de esa mujer. Descubrí que el motivo de su huelga era volver a su casa con sus hijos, descubrí que ya había estado presa en prisiones marroquíes, y conforme más me informaba de sus hazañas, más simpatía me inspiraba. Pienso que hay pocas mujeres con tanta valentía como la suya, y me voy enamorando en silencio de ella conforme pasan los días. Hoy se ha declarado una activista en huelga de hambre en Sevilla, por solidaridad. Me emocionan estas movilizaciones, sin armas, no violentas. Nos repiten continuamente que no tiene sentido luchar, que al final todo va a seguir igual. Sin embargo, son personas como estas, las que hacen que este mundo no sea tan asqueroso, el mundo esta falto de gente íntegra y valiente como ellas. Puede morir, es cierto, y si muere lloraré. Espero que nunca olvidemos la lección que nos intenta enseñar esta mujer, a ser íntegros, a seguir una idea nos cueste lo que nos cueste, y a que, por mucho que nos lo repitan, nunca es demasiado tarde. Han pasado casi 80 años de la muerte de Ghandi, y sin embargo, aquí y ahora tenemos su resurrección.
Estoy ansioso por compartir el mundo con gente como esta.




martes, 8 de diciembre de 2009

mañana

La idea de que mañana amanecerá como siempre no me deja dormir.
Cada momento de mi vida se queda impregnado de una sensación, algo parecido a un olor, o una melodía, no se muy bien como explicarlo pero supongo que es algo que siente todo el mundo. Últimamente estoy pensando más que nunca. Pienso en el ser humano como animal social y todo lo que ello conlleva. Pienso en la importancia de desobediencia civil, en no acatar todas las normas y ser siempre un poco incorrecto. Da igual, ahora me voy a dormir, y se que me despertaré con los rayos del alba. La certeza me asusta, estoy confundido. Escribo un puñado de palabras que apenas entiendo antes de irme a la cama. Empiezo a darme cuenta de lo absurdo que pueden tornarse las cosas si las miras desde otra perspectiva, siento vergüenza y apenas tengo fuerza para seguir adelante. No obstante, si algo me he demostrado a mi mismo es que soy bastante fuerte, en crescendo me acercaré hasta cuando la presión se elimine de mis hombros y me note por fin volar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

viernes

Hoy es viernes, escribo esto desde la facultad a esperas de comienze la prenavidad, al fin y al cabo una excusa más para emborracharse y festejar algo que no existe, como todas las fiestas. Todo viene a ser una parodia de actuación, un sinsentido que se repite a lo largo de mi vida.
En estos días que pasan me siento menos querido que nunca, me siento sólo e incomprendido. Me siento perdido, y creo que poca gente me quiere. Sin quererlo me encuentro siendo el centro de la atención, sumegiendome en un mar de abusos y mentiras, vaciandome y notando el paso del tiempo, que pasa quitandome todo lo que quería conservar, todo lo que me importó. Me atraviesa, me mata, me abruma, yo nunca encuentro lo que voy buscando. Mañana me despertaré para darme cuenta de mi situación, me sonreiré y creeré ser feliz. Mañana será otro día, y sin embargo, será igual que hoy. Avanzar para quedarse quieto. Salto mortal, hacia el vacio, no mires hacia atrás, nada importa, solo tú, y la caida. Mañana será otro día...

lunes, 30 de noviembre de 2009

Al alba

Quedé tiritando en una esquina, experimente la tortura de ser devorado por dentro y olí la putrefacción. Admitir algo que odiarías y resurgir dentro de tus cenizas. Sólo al borde de un abismo pude verme a mi mismo, tal y como soy, y pude dejar de mentirme. Esperé más de lo que debía, y cuando ya no pude más avancé, hacia la locura o hacia cualquier otro sitio dónde pueda sentirme cálido, cómodo, un hogar al fin y al cabo. Entre tanta búsqueda olvidé lo que flota en el aire y nadie puede ver, olvide que quizás mi hogar este en ese segundo que te hace sentir diferente cuando te identificas con una canción por ejemplo, quizás mi hogar este en un páramo desierto dónde la palabras cohabitan con las sensaciones. Y sólo entonces me dí cuenta de los millones de pasos en falso que había dado. Quizás cuando deshaga el camino sólo me queden un puñado de recuerdos, y alguna que otra canción, quizás los islotes imbatibles solo eran montículos de arena que se resisten en vano a ser enterrados por el mar. Cuando el mar termine de borrar todo rastro de mi islote podré nada libremente



sábado, 14 de noviembre de 2009

El Carrusel

Bueno, esto lo acabo de escribir justo ahora. Estoy solo en mi casa y acabo de ver El Hombre Elefante, una película de David Lynch bastante que me ha parecido bastante dura. En fin, que me ha hecho pensar y ponerme a escribir lo que sentí en el momento:

Nos creemos nuevos dioses, dominamos el mundo desde nuestro trono de plata profiriendo cada vez gritos mas inhumanos. Y aquí estamos, montados en un carrusel de vicio, que va cada vez más deprisa, rostros que se confunden con tanta vuelta, nausea, música repetitiva y casi macabra que nos lleva a un estado cercano a la más profundo de las locuras, confundiendo acusados con acusadores, ocultándonos tras nuestras frágiles máscaras, para no desvelarles al resto del mundo ,ni a nosotros mismos, nuestra verdadera identidad, para no descubrir que no somos mejores, que sólo somos bestias. Atemorizados nos escondemos en rincones para señalar a cualquier alma inocente; !Linchemoslo! gritaremos enfurecidos blandiendo nuestros puños al viento,tropezando una y mil veces en la misma piedra antes de admitir lo que somos. Ególatras, nos miraremos al espejo y nos gustaremos, seremos incapaces de ver los tumores que nos sobre salen, que supuran y dejan caer un líquido viscoso sobre nuestras conciencias. Juzgaremos, y nunca seremos mejores que los juzgados, y pese a todo juzgaremos. Creyéndonos dueños de todo, y siendo sólo dueños de nuestros propios temores iremos a morir de una manera penosa, porque no podía ser de otra manera, y entre balbuceantes palabras intentaremos redimirnos de nuestra culpa, y nunca encontraremos el anhelado perdón, pues nosotros nunca perdonamos cuando pudimos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Un Cigarro

El sol se filtra entre las rejas y te acaricia tu arrugada cara. Descansas tus huesos y tu cuerpo marchito sobre una silla de mimbre con la certeza de que ni siquiera puedes levantarte sin ayuda. Observas la vida pasar desde tu prisión, tu cuerpo, esperando el momento de tu muerte. Tus ojos cansados se sienten molestos ante el contacto directo con el sol. Levantas tu mano temblorosa y la colocas a modo de visera.
Continuamente pasan coches, personas y todo tipo de vehículos en general. Acostumbrado a vivir en tu pequeño pueblo todo esto te parece extraño. Dispones de un ejército de enfermeras a tu disposición; pero realmente todos hicieron caso omiso a tú único deseo: Pasar el resto de tu vida junto a tu familia, en el mismo sitio dónde naciste y viviste la mayor parte de tu vida. Tus hijos y tus nietos pensaron que era mejor llevarte a una residencia, haciéndote sentir como un lastre. La residencia...otra prisión añadida.
Y allí estás, en la residencia, pensando en los sueños que no has vivido y en las ambiciones que no has alcanzado mientras la sombra de tus barrotes se proyectan en tu cara. Lejos de tus sueños, lejos de tu familia y tus deseos, solo te queda algo que puedas pedir. Te gustaría volver a sentir el humo de un cigarrillo recorriéndote el pecho, matándote lentamente y sumiéndote en una agonía que te mata de placer. Obviamente la residencia se preocupa por que no fumes. Otro deseo frustrado a las puertas de tu muerte. Por eso, sin poder evitarlo, siempre le dices los mismo a todos los viandantes que pasan por la acera más cercana a ti. Con voz temblorosa y marcado acento de tu pueblo dices: "¿Tienes un cigarro?". Eso te hace parecer un viejo con demencia senil, y lo sabes, pero ya poco te importa lo que piensen de ti.
Yo te observo con curiosidad, pienso en comprarte un cigarro y dártelo, pero nunca lo hago. Me gusta inventar una historia para tu vida, mientras observo como pasas mañanas enteras en tu inútil empeño por conseguir un cigarro. En cierto modo, creo que eres un héroe. No sabría decirte por qué, pero cada vez que te veo allí sentado, en tu incesante esfuerzo por conseguir la última de tus ambiciones, creo que el mundo entero debería aprender una lección; que tú deberías darnos una lección. Creo que mirándote me doy cuenta de lo pequeña que puede ser la línea que diferencie soñar con estar loco.

martes, 25 de agosto de 2009