Nos creemos nuevos dioses, dominamos el mundo desde nuestro trono de plata profiriendo cada vez gritos mas inhumanos. Y aquí estamos, montados en un carrusel de vicio, que va cada vez más deprisa, rostros que se confunden con tanta vuelta, nausea, música repetitiva y casi macabra que nos lleva a un estado cercano a la más profundo de las locuras, confundiendo acusados con acusadores, ocultándonos tras nuestras frágiles máscaras, para no desvelarles al resto del mundo ,ni a nosotros mismos, nuestra verdadera identidad, para no descubrir que no somos mejores, que sólo somos bestias. Atemorizados nos escondemos en rincones para señalar a cualquier alma inocente; !Linchemoslo! gritaremos enfurecidos blandiendo nuestros puños al viento,tropezando una y mil veces en la misma piedra antes de admitir lo que somos. Ególatras, nos miraremos al espejo y nos gustaremos, seremos incapaces de ver los tumores que nos sobre salen, que supuran y dejan caer un líquido viscoso sobre nuestras conciencias. Juzgaremos, y nunca seremos mejores que los juzgados, y pese a todo juzgaremos. Creyéndonos dueños de todo, y siendo sólo dueños de nuestros propios temores iremos a morir de una manera penosa, porque no podía ser de otra manera, y entre balbuceantes palabras intentaremos redimirnos de nuestra culpa, y nunca encontraremos el anhelado perdón, pues nosotros nunca perdonamos cuando pudimos.
sábado, 14 de noviembre de 2009
El Carrusel
Bueno, esto lo acabo de escribir justo ahora. Estoy solo en mi casa y acabo de ver El Hombre Elefante, una película de David Lynch bastante que me ha parecido bastante dura. En fin, que me ha hecho pensar y ponerme a escribir lo que sentí en el momento:
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario