Aquél día hacía frío, andaba, sin dar demasiada importancia a lo que me rodeaba. Llegué a casa y encendí el televisor; las noticias. Pensé en apagar el televisor, pero no lo hice. A los pocos segundos de tener encendido el televisor apareció en la pantalla una mujer, musulmana supongo. Decían que estaba en huelga de hambre, por nosecuantos días. La ghandi saharaiu, la llaman. Me llamó la atención y simplemente seguí buscando, indagando en la vida de esa mujer. Descubrí que el motivo de su huelga era volver a su casa con sus hijos, descubrí que ya había estado presa en prisiones marroquíes, y conforme más me informaba de sus hazañas, más simpatía me inspiraba. Pienso que hay pocas mujeres con tanta valentía como la suya, y me voy enamorando en silencio de ella conforme pasan los días. Hoy se ha declarado una activista en huelga de hambre en Sevilla, por solidaridad. Me emocionan estas movilizaciones, sin armas, no violentas. Nos repiten continuamente que no tiene sentido luchar, que al final todo va a seguir igual. Sin embargo, son personas como estas, las que hacen que este mundo no sea tan asqueroso, el mundo esta falto de gente íntegra y valiente como ellas. Puede morir, es cierto, y si muere lloraré. Espero que nunca olvidemos la lección que nos intenta enseñar esta mujer, a ser íntegros, a seguir una idea nos cueste lo que nos cueste, y a que, por mucho que nos lo repitan, nunca es demasiado tarde. Han pasado casi 80 años de la muerte de Ghandi, y sin embargo, aquí y ahora tenemos su resurrección.
Estoy ansioso por compartir el mundo con gente como esta.

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