sábado, 30 de mayo de 2009

Delirio en Física Térmica

En mi mochila portaba solamente una brújula de purpurina, una barbie y un colisionador portátil, pero no importaba. Me adentré en la torre, que , majestuosa, se elevaba hasta la frontera dónde los unicornios picoletos protegen el mundo de las ardillas. Lo primero que ví fueron tres viejos tomando té con una cabeza voladora autopropulsada por aceite caliente. En un acto de valentía saqué la brújula y la tiré al suelo. Los tres viejos se me quedaron mirando mientras la cabeza voladora planeaba por allí ajena a todo esto. Yo grité:
-¡Quiero una patata! Y no pienso esperar a las abejas.
Parece ser que no les gusto mucho porque me mandaron al supermercado a comprar un sapo virtual. A última hora conseguí escaparme y montarme en un caballo espacial. Y por eso estoy aquí.

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